3 de junio de 2013
31 de mayo de 2013
Queja a la Defensora del Pueblo para que se terminen los desahucios y la Junta dé la cara
Esta es la queja y petición de mediación que, desde la Plataforma de Afectados por las Hipotecas-Stop Desahucios Mérida y desde el Campamento Dignidad de Mérida se ha presentado a la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril el día 28 de mayo de 2013.
Exigimos el fin de los desahucios. Exigimos que la Junta de Extremadura dé la cara y nos reciba.
Oficina del Defensor del Pueblo
Doña Soledad Becerril
Calle Zurbano, 42
28010 Madrid
Estimada Señora:
Nos dirigimos a la Oficina del
Defensor del Pueblo para solicitar su gestión e intervención ante la situación
de atropello que venimos sufriendo desde hace meses por parte de la Consejería
de Fomento y Vivienda de la Junta de Extremadura.
En Mérida, así como en otras
poblaciones de Extremadura, diversos colectivos ciudadanos venimos denunciando
la brutal política de desahucios que viene aplicando la Junta de Extremadura.
Son ya 54 familias las que se han desalojado de sus casas en el último año
desde la Administración regional, que actualmente tiene abiertos otros 900
expedientes de desahucio en viviendas sociales de su propiedad. Como es fácil
de comprender, esta política masiva de desahucios está generando alarma social,
dolor y miedo entre los inquilinos de las viviendas sociales.
Consideramos que es una forma de
violencia institucionalizada contra los más pobres que se ve agravada por el
hecho de que la Junta de Extremadura, además, esté burlando las resoluciones
del Parlamento de Extremadura que en dos sesiones plenarias (26 de julio de
2012 y 25 de abril de 2013) ha instado a la paralización de los desahucios.

Pero, por si esto fuera poco, la
Consejería de Fomento y Vivienda viene manteniendo una actitud de sistemático
desprecio a las múltiples peticiones de entrevista y reunión que le hemos
solicitado desde los movimientos y colectivos por los derechos sociales. Desde
el mes de octubre del año pasado se han solicitado diversas reuniones tanto por
parte de la Plataforma por la Renta Básica, como por la Plataforma de Afectados
por las Hipotecas (PAH) de Mérida, estimando que de esos encuentros podrían
salir soluciones negociadas a los problemas de vivienda suscitados (Adjuntamos
dos de las peticiones de entrevista). Pues bien, la Consejería no se ha dignado
ni siquiera contestarnos, algo que nos parece absolutamente inaceptable e
impropio de cualquier institución democrática.
Nos dirigimos a la Oficina del
Defensor del Pueblo de la Oficina del Defensor para solicitar su intervención
en dos puntos muy concretos. Por un lado rogamos se interceda en la
paralización de los desahucios de viviendas sociales propiedad de la Junta de
Extremadura y en el cumplimiento de los acuerdos relativos de la Asamblea de
Extremadura.
Y por otro lado, solicitamos la
mediación de la Oficina del Defensor del Pueblo para que la Consejería de
Fomento y Vivienda se avenga a recibirnos, aceptando de ese modo la vía del
diálogo para la solución de este grave problema de los desahucios de vivienda
social.
Atentamente, se despiden

Las fotos son de nuestro compañero Ramón que se ha currado y se curra cada día la lucha del Campamento Dignidad de Mérida: https://www.facebook.com/arc42/photos_stream
28 de mayo de 2013
LEY DE RENTA BÁSICA: LA LUCHA CONTINÚA
Por fin, el 23 de mayo veía la luz en el DOE la Ley de Renta
Básica. La ley es el producto de una larga lucha que las personas en paro y la
clase obrera hemos puesto en pie en el último año y medio. Es una ley arrancada al poder político, por mucho que su articulado
diste mucho de nuestras reivindicaciones. Han sido los 48.000 extremeños que
han firmado por la Renta Básica (27.000 en la Iniciativa Legislativa Popular y
21.000 en los tres últimos meses), la movilización extraordinaria de los
Campamentos Dignidad, las Marchas, los escraches y la solidaridad del pueblo
extremeño expresada de mil formas distintas, quienes han hecho posible la
aprobación de esta ley.
Querían que la ley acogiera sólo a 1.500 personas. Hoy ya hablan de un número que oscilará,
como mínimo, entre los 6.000 y los 8.000 perceptores.
Pretendían que la cuantía fueran 373 euros y al final, serán
400 euros que se incrementarán en un 15%
por el primer miembro de la unidad familiar, en un 10% por el segundo y tercer miembro y en un 5% por el cuarto
miembros y siguientes. A ello hay que añadir un 10% adicional si convive con
alguna persona con discapacidad y también se incrementa en un 10% adicional si
se ha de hacer frente al pago de alquileres o hipotecas de la vivienda
habitual, sin superar nunca el 135% del IPREM (720 euros).
Han tenido que aceptar que los jóvenes emancipados mayores de
18 años puedan ser perceptores de la Renta Básica o que el tiempo de
empadronamiento requerido sea de 1 año y no de 4 años. O han tenido que aceptar
que la duración de la prestación sea prorrogable no hasta un máximo de 18
meses, sino durante todo el tiempo que persista la situación de carencia.
Pero con ser importante todo ello, la Ley ha quedado muy lejos de nuestras demandas y de las
necesidades que hoy tiene nuestro pueblo. Hay 182.000 personas en paro y, de
ellas, 80.000 sin ningún tipo de cobertura. Tenemos una tasa de pobreza
infantil del 42%. Son miles las familias las que viven la angustia de la
amenaza del desahucio, del corte de agua o de luz, de la imposibilidad de pagar
los medicamentos.
Y la ley parte de la misma filosofía que tenían las Ayudas de
Integración y Emergencia Social (AISES): clientelismo y control de pobres.
Pretenden hacer un gueto de pobreza desde el que asustar a una clase media que
se deshace vertiginosamente. Pretenden agitar el fantasma de las clases
peligrosas y presentar la privación como depravación. Tienen una clara estrategia
de división del pueblo.
Pero, en estos meses ha surgido algo con lo que no contaban.
Alrededor de los Campamentos Dignidad en Mérida, Plasencia, Almendralejo y
Badajoz ha cuajado un fuerte movimiento
por los derechos sociales. Hemos comprobado, una vez más, una verdad
elemental: la lucha del pueblo mueve montañas. Y vamos a conseguir que la Renta
Básica llegue a todos los extremeños y extremeñas que lo necesitan. Nos asiste
la razón y la fuerza colectiva. La lucha continúa.
Para cualquier duda sobre la Renta Básica, Vivienda, para
informarte sobre tus derechos y para ocupar tu lugar en la lucha:
• Estamos en
la puerta del SEXPE: todos los lunes, miércoles y jueves de 9 de la mañana a 1
del mediodía.
• Asambleas
del Campamento Dignidad: los viernes, a las 8 de la tarde, ante la puerta del
SEXPE.
• Correo
electrónico: acampadamerida@gmail.com
SÍ SE PUEDE. EL PUEBLO UNIDO
JAMÁS SERÁ VENCIDO
25 de mayo de 2013
Antonio Gramsci.Los días de la cárcel
Título original: Antonio Gramsci. I giorni del carcere.
Dirección: Lino del Fra.
Guión: Pier Giovanni Anchisi y Lino del Fra.
Reparto: Riccardo Cucciolla, Lea Massari, Mimsy Farmer y Jacques Herlin.
Música: Egisto Macchi.
Año: 1977.
País: Italia.
Idioma: En italiano. Subtítulos disponibles en castellano.
Duración: 127 minutos.
Dirección: Lino del Fra.
Guión: Pier Giovanni Anchisi y Lino del Fra.
Reparto: Riccardo Cucciolla, Lea Massari, Mimsy Farmer y Jacques Herlin.
Música: Egisto Macchi.
Año: 1977.
País: Italia.
Idioma: En italiano. Subtítulos disponibles en castellano.
Duración: 127 minutos.
"Gramsci, los años de cárcel" es un riguroso drama biográfico que
realiza un recorrido por el complejo devenir personal e ideológico de
este líder y teórico político italiano. El filme se detiene
concretamente en los años que Gramsci estuvo recluido en prisión a causa
de su praxis política y en la intensa actividad teórica que desarrolló
hasta su muerte en abril de 1937.
23 de mayo de 2013
CAMPAMENTO DIGNIDAD: 80 DÍAS
CAMPAMENTO DIGNIDAD
80 días de coraje y esperanza,
80 días de abrazos y de rabia.
80 días sembrando revuelta,
80 días escracheando canallas,
80 días que vendrán para quedarse.
21 de mayo de 2013
Manifiesto Salir del Euro: por la soberanía económica, monetaria y ciudadana
Por la recuperación de la soberanía económica, monetaria y ciudadana.
La dramática
situación social y económica en la que está hundida nuestra sociedad
exige una política capaz de crear las condiciones para salir de la
crisis. Es una necesidad urgente. El tiempo se ha convertido en un dato
primordial por los riesgos de agravamiento y degradación que existen,
por el enorme sufrimiento social que provoca la persistencia de las
políticas de ajuste, austeridad y privatización de lo público.
La red en la que estamos
atrapados está conformada por un nivel de paro catastrófico, por un
endeudamiento del país frente al exterior imposible de afrontar y por
una evolución de las cuentas públicas que conducen a la quiebra
económica del Estado. Más de 6 millones de parados, más de 2,3 billones
de euros de pasivos brutos frente al exterior, y una deuda pública de
casi un billón de euros, creciente y próxima al 100% del PIB, son datos
que definen un desastre inmanejable, ponen en peligro la convivencia y
derruyen derechos sociales fundamentales.
Una crisis de esta envergadura tiene causas complejas y múltiples,
desde la crisis general del capitalismo financiero hasta el despilfarro
y la corrupción propios, pasando por un sistema fiscal tan regresivo
como injustamente aplicado, pero aun a riesgo de simplificar el
análisis para desentrañar las soluciones, hay que atribuir a la
incorporación de nuestro país a la moneda única la principal razón de
esta desoladora situación.
Como ahora se reconoce, no había condiciones para implantar una
moneda única entre países tan desiguales económicamente sin ir
acompañada de una fiscalidad común. Su creación implicaba, por otra
parte, un marco propicio para implantar políticas regresivas y
antisociales de todo tipo según la doctrina neoliberal, que ha tenido
en la construcción de la Europa de Maastricht su máxima expresión.
Como se calibró en su momento, el Estado del bienestar no es compatible
con la Europa de Maastricht.
Con la incorporación al euro, nuestro país perdió un instrumento
esencial para competir y mantener un equilibrio razonable de los
intercambios económicos con el exterior, como era el control y manejo
del tipo de cambio con respecto al resto de las monedas. Por otra
parte, hubo una cesión de la soberanía al BCE en cuanto a la creación de
liquidez y aplicación de la política monetaria, una institución
dominada desde los orígenes por los intereses del capitalismo alemán.
Como no podía ser de otro modo, el retraso y la debilidad de la
economía española frente a otros países y la rigidez absoluta impuesta
por el euro llevaron a lo largo de la década del 2000 a un déficit de
la balanza de pagos por cuenta corriente abrumador. Se registraron unos
desequilibrios insostenibles, como también les ocurrió a otros países
como Grecia y Portugal, apresados en la misma trampa. En los 14 años
transcurridos desde la creación del euro en 1999 hasta el final del
2012, el déficit exterior acumulado fue de casi 700 mil millones de
euros, que hubo de financiarse endeudándose con el exterior. Las
entidades crediticias y las empresas españolas demandaron más de otro
billón de euros de recursos para sus planes de inversiones en el
exterior, principalmente en América Latina.
Hasta el año 2008, en que se desató la crisis financiera
internacional, por las facilidades extraordinarias de financiación, el
país vivió un sueño, como drogado, alimentando la burbuja inmobiliaria y
ajeno a los problemas que se habían gestado. En ese año, todo cambió
radicalmente, los mercados financieros se cerraron, por los canales no
fluía la liquidez y la situación de cada deudor pasó a examinarse con
rigor. Con el cambio abrupto en la posición deudora de nuestra economía
frente al exterior, los pasivos brutos pasaron de 540 mil millones al
final de 1998 a 2,2 billones en 2008, el país entró en quiebra y
sobrevino una profunda recesión que a todos los efectos sigue vigente.
El sector público se resintió profundamente desde entonces,
incurriendo en un déficit desorbitado por la caída drástica de los
ingresos, reforzada por el estallido de la burbuja inmobiliaria. El
Estado, sobre el que acaban descargando todas las tensiones de las
administraciones públicas, ha necesitado de centenares de millones de
euros, obtenidos con la emisión de deuda pública en los mercados
interior y exterior, ante la imposibilidad de la financiación directa
por la autoridad monetaria. Al final de 2007, la deuda en circulación
del Estado era de 307.000 millones de euros, el 37% del PIB. Al final
de 2012 había subido a 688,000 millones, el 65% del PIB, y sigue
aumentando como corresponde a la evolución deficitaria de las cuentas
públicas.
Desde que se admitió la crisis, la política económica ha tenido unos
rasgos básicos inamovibles. La pérdida de competitividad de la economía
española ha servido de excusa para aplicar a rajatabla las recetas
neoliberales y se ha tratado de compensar con el llamado “ajuste
interno”, un proceso dirigido a disminuir los salarios y facilitar los
despidos para abaratar los precios de las mercancías y servicios
españoles, desde el momento en que la vía natural e histórica de la
devaluación de la moneda está cegada por el euro. Ajustes,
contrarreformas laborales y recortes continuos jalonan la política de
los últimos años. Por otra parte, la mal denominada austeridad se ha
impuesto brutalmente en la política fiscal, como exigencia de los
poderes económicos, haciéndose de la lucha contra el déficit publico el
talismán engañoso de la solución a la crisis.
Esta política ha producido un retroceso social muy doloroso, ha
impulsado inconteniblemente el crecimiento del paro y, lo que es
fundamental, es inútil. El país se desliza sin freno y se despeña hacia
una fosa profunda. Los determinantes de la crisis siguen intactos
cuando no degradados. Los pasivos exteriores no pueden disminuir sin
que se registre un excedente de la balanza de pagos, cosa prácticamente
inalcanzable para una economía bastante derruida y de escasa
competitividad, y la pesada carga de deuda pública no dejará de crecer
hasta que se diluya el déficit público, algo que el propio gobierno no
alcanza a vislumbrar. La desconfianza es general.
La sociedad en una encrucijada.
¿Cómo superar el desastre? La alternativa a la crisis que defiende la
Troika y abiertamente el PP pasa por profundizar en los ajustes, en
la austeridad y en la destrucción de lo público. La economía española,
como ya le ha ocurrido a Grecia o Portugal, cae por el precipicio y se
desfondará en el abismo, con unas consecuencias sociales dramáticas y
riesgos políticos de todo signo.
El PSOE, copartícipe activo en el actual diseño económico y social,
finge ahora un desacuerdo con el PP y critica su política suicida, pero
sigue amarrado al criterio de que el euro es irreversible.
Las direcciones de los sindicatos mayoritarios, una vez contrastado
el error de cálculo cometido con el sí crítico a Maastricht, denuncian
ahora el actual estado de cosas, pero no están en condiciones de
proponer medidas anticrisis realmente efectivas ya que no cuestionan con
coherencia la Europa construida.
Otras fuerzas, organizaciones y autores de la izquierda critican la
Europa actual y proponen cambios bastante utópicos y proyectos sin
fundamento, dado el carácter irreformable de la Europa surgida, sobre
todo después de la ampliación de la zona euro al Este. A las carencias
originales de la moneda única se añade el peso que ha cobrado Alemania
como país hegemónico y la realidad de una descomposición de Europa,
aprisionados algunos países en deudas impagables. La imprescindible y
urgente necesidad de romper con las ataduras de los Tratados europeos no
puede paralizarse ni ocultarse tras propuestas de proyectos de otra
naturaleza. Por deseable que sea otra Europa, es ahora inviable,
requiere de bases en que sustentarse bien distintas y de la soberanía
perdida de cada Estado.
El fracaso del proyecto de construcción de Europa es inocultable,
con independencia de que no sea posible determinar cuándo y cómo se
desbaratará la insostenible situación existente.
A los firmantes de este manifiesto nos parece claro que la Europa de
Maastricht no podrá sobrevivir con su actual configuración, tras los
desastres y sufrimientos que ha causado, además de vaciar de contenido
la democracia y sustraer la soberanía popular.
También afirmamos que nuestro país no puede salir de la crisis en el
marco del euro. Sin moneda propia y sin autonomía monetaria es imposible
hacer frente al drama social y económico, tanto más cuanto que la
política fiscal también ha quedado anulada con el Pacto de Estabilidad,
alevosamente constitucionalizado.
Es precisa una moneda propia para competir y una política monetaria
soberana para suministrar liquidez al sistema y estimular una demanda
razonable. Y esto como primera condición ineludible, pero en modo alguno
suficiente, para poder desarrollar una política avanzada de control
público de los sectores estratégicos de la economía, entre ellos la
nacionalización de la banca, de reconstrucción del tejido industrial y
agrícola, de defensa y potenciación de los servicios públicos
fundamentales con un poderoso y progresivo sistema fiscal, de
amortiguación de las desigualdades y distribución de la riqueza, del
reparto del trabajo para combatir el paro, de derogar las
contrarreformas laborales y de las pensiones, de respeto en serio al
medio ambiente, etc., y de abordar un proceso constituyente que permita
recuperar y profundizar la democracia. Por todo ello hay que
despreocuparse transitoriamente del déficit público, olvidarse de hacer
propuestas imposibles al BCE y dejar de añorar a la Reserva Federal o
el Banco de Inglaterra cuando se puede disponer del Banco de España como
institución equivalente.
El montante de la deuda externa es impagable. Su mayor parte es deuda
del sector privado, y corresponde a sus agentes resolver los problemas
que se presenten, incluido el sector financiero, muy comprometido. Por
ello rechazamos toda operación de “rescate” de nuestro país y por la
misma razón consideramos como deuda completamente ilegitima la contraída
por el Estado para proporcionar fondos de salvamento a las entidades
crediticias que no hayan sido nacionalizadas.
Con respecto a la deuda pública, el Estado debe realizar una profunda
reestructuración de la misma (quita, moratoria, conversión en moneda
nacional) que alivie la presión abrumadora que soportan las cuentas
públicas. En otro caso, puede darse como irremediable la quiebra del
Sector público.
No se nos escapan los problemas y complejidades de los pasos que
proponemos, entre otros limitar la libre circulación de capitales.
Tampoco nuestro análisis nos impide colaborar en acciones, propuestas y
movilizaciones con aquella parte de la ciudadanía y sus organizaciones
que, bajo el efecto del bombardeo mediático al que somos sometidos o por
otros motivos, aún no comparte nuestra opción ante la encrucijada en
que estamos y la necesidad de romper el nudo gordiano del euro. Sin
embargo, ante el desastre que nos envuelve y ante las causas profundas
que lo promueven y agudizan, no podemos mantenernos mudos ni evasivos.
A nuestro entender, hoy la sociedad española, que ya ha entrado en una
agonía prolongada y sin esperanza, no dispone de otra elección que
salir del euro para impedir el hundimiento definitivo del país.
Recuperar la soberanía económica perdida, hacer efectiva la soberanía
popular, requiere desprenderse de los dogales que nos paralizan,
encarar la cruda realidad y dotarse de los medios para trazar un
proyecto de supervivencia que, con todas sus dificultades, puede
representar también una gran oportunidad para crear una sociedad
soberana, próspera, justa, solidaria, democrática, ecológicamente
responsable y libre.
Para firmar el Manifiesto y más información, aquí:
¿Hemos estudiado por encima de nuestras posibilidades? (Agustín Moreno)
La LOMCE o ley Wert
es una chapuza que no parte de un diagnóstico previo o Libro Blanco
sobre los problemas de la educación; que no cuenta con financiación para
implementarla; que no tiene ningún consenso, sino el rechazo más airado
de la comunidad educativa, como se ha puesto en evidencia en múltiples
movilizaciones.
Como son maestros de la neolengua hablan de
“calidad” e incluso responsabilizan cínicamente al sistema educativo del
nivel de paro existente, cuando es bien sabido que muchos de los
miembros de la generación más y mejor preparada de este país se está
yendo al exilio laboral o científico. Pero su verdadera esencia es
mandar el mensaje de que “hemos estudiado por encima de nuestras
posibilidades”. Porque lo cierto es que no están dispuestos a invertir
más en educación pública, por razones ideológicas y de negocio. No les
interesan ciudadanos formados, informados y críticos, para un mercado de
trabajo precario y una sociedad dual y cada vez menos democrática. No
quieren la mezcla social entre los hijos de familias de diferente
estatus socioeconómico.
Y porque se someten a los intereses
mercantilistas: la educación es un negocio que a nivel mundial supone un
pastel de 2 billones de dólares y que en España obtuvo casi 700
millones de euros de beneficios según los últimos datos del INE. Por
todo lo anterior, el objetivo que se ha trazado el gobierno del PP es
seguir trasfiriendo recursos del sector público al privado y pasar del
3,6% al 2,9% del PIB, lo que supone unos 7.000 millones de euros menos
al año, muy lejos de la inversión que realizan los países de nuestro
entorno.
Durante la democracia se lograron importantes avances en
el desarrollo de la escuela pública: incremento de centros y
profesorado, bajada de ratios, ampliación de la edad escolar
obligatoria, escolarización casi total desde los tres años, y mayor
acceso a estudios superiores de las capas populares. Estas conquistas
están siendo atacadas hace tiempo por los gobiernos de la derecha, cuya
ideología mercantilista y privatizadora quiere convertir la educación en
un negocio. Con esta ley se consolidan los recortes que se vienen
aplicando y supone un duro golpe a la educación pública.
La
educación pública española, por los compromisos de los sucesivos
gobiernos con la Iglesia católica y con la patronal de la enseñanza,
nunca ha llegado a romper del todo con las tres principales herencias
franquistas: segregación clasista, confesionalidad y amplio sector
privado costeado con fondos públicos. La ley Wert es un salto en esa
dirección.
- Segregación, con diversos itinerarios que
supondrán seleccionar y clasificar cuanto antes al alumnado,
desgajándolos del tronco común por tres vías: los llamados programas de
mejora del aprendizaje, la Formación Profesional Básica y los
itinerarios en 4º de ESO. Cuanto antes se segregue más se atenta contra
la igualdad de oportunidades y se niega la capacidad de cambio de niños y
adolescentes. También convierte la educación en una carrera de
obstáculos con continuas reválidas excluyentes. Este modelo educativo genera más fracaso escolar, más desigualdades y favorece una sociedad aún más clasista.
- Confesionalidad,
que nos retrotrae al nacionalcatolicismo, con una asignatura de
religión evaluable y con una alternativa dura para evitar la fuga del
alumnado del adoctrinamiento; eliminando Educación para la Ciudadanía y
demostrando que se cree más en la religión que en los valores
democráticos.
- Privatización y fortalecimiento de los conciertos privados,
al convertir a la educación en un bien individual y no un derecho
fundamental y no se garantiza la oferta de plazas públicas de nueva
creación. De esta forma se refuerza la doble red que crea
discriminación, dándose la paradoja de que entre todos financiamos a
quien más tiene, mientras se suprimen la atención a la diversidad y la
función compensatoria de la escuela.
- Menor democracia.
Se reducen las competencias de los órganos colegiados y de la comunidad
educativa, reforzando el poder y el clientelismo de las direcciones de
los centros
La LOMCE también quiere hacer legal lo ilegal con
conciertos para centros que segregan por sexo, contratación a dedo de
profesores nativos o publicación de rankings con los resultados de las
pruebas externas.
Este retorno al pasado lo protagoniza Wert, el
ministro más desprestigiado de la democracia, con un 80% de rechazo a su
gestión, que no puede esperar que su ley tenga ninguna continuidad de
futuro. Porque una ley superideologizada, sectaria no ha conseguido
ningún apoyo, excepto el de los obispos. Nadie la respalda en el
parlamento, ni el profesorado, las familias, los estudiantes o los
expertos en educación. Por ello, será una ley de muy corto recorrido y
frustrante, que acabará en el mismo momento en que se produzca un cambio
político progresista.
Es más, probablemente, junto al rechazo al
austericidio, a la privatización de la sanidad o a la reaccionaria
reforma del aborto, será uno de los elementos que más contribuyan al
cambio político. Entre el profesorado, las familias, el alumnado y la
ciudadanía que forma el movimiento de la Marea Verde en defensa de la
Escuela Pública de todos y para todos crece cada vez más la convicción
de que hay que echar a este gobierno para que no acabe con todo. Para
asegurar el derecho a una educación de calidad que forme a personas y a
ciudadanos comprometidos con la mejora y el futuro de su país y de sus
habitantes.
11 de mayo de 2013
Entre la Academia y la Caverna (Juan Andrade)
Sara Mago (Fanzine cultural)
Ninguna reforma
universitaria puede realizarse con eficacia duradera si no intervienen
decisivamente en su elaboración los más directamente afectados por ella,
los estamentos universitarios, y quienes tienen que aportar medios para
realizarla, o sea la sociedad en general. Ni los universitarios
españoles ni la sociedad española han podido intervenir adecuadamente en
la elaboración de las reformas decididas por la administración actual
[…] este camino quiere llevar a una institución de puro rendimiento
técnico, indigna del nombre de Universidad, al perder todo horizonte
cultural, moral, ideal y político. i
Los párrafos anteriores no forman parte de ninguna octavilla
anti-Bolonia. Se corresponden al Manifiesto aprobado por los estudiantes
y profesionales encerrados en 1966 en el convento de los Capuchinos de
Barcelona para protestar por el modelo universitario franquista. El
paralelismo entre aquella situación y la que actualmente atraviesa
nuestra universidad trae a la mente la frase de aquel viejo pensador
alemán, para el cual, cuando la historia se repetía, lo hacía la primera
vez como tragedia y la segunda como farsa. De tragicómico cabe
calificar el estado de los estudios superiores en nuestro país una vez
que a los efectos devastadores del terremoto de Bolonia le ha seguido el
tsunami de los recortes impuestos so pretexto de la crisis económica.
Con el lema eufemístico “Una Universidad al servicio de la sociedad”
Bolonia venía a imponer, en la práctica, una universidad sometida a los
mercados. Aquella sinécdoque tramposa, por la que los intereses de la
gente quedaban reducidos a los de sus élites, ponía de manifiesto el
alcance de la onda expansiva del capitalismo postmoderno, que, una vez
había conquistado países y se había apropiado hasta de la naturaleza
misma, se lanzaba también a la colonización de lo intangible, a poner su
pica en el ámbito del conocimiento. Esta mercantilización de la
universidad apenas ha consistido en la apertura a una financiación
privada que condicionase la orientación de las titulaciones e
investigaciones, como al principio se temía; sino en la más económica
traslación de la propia lógica del mercado al mundo académico. Lejos de
chantajear con dinero a la comunidad universitaria para que cambiase
planes de estudio y proyectos de investigación, se recurrió a una
fórmula más barata, consistente en que la comunidad universitaria
interiorizase, por Decreto ley y con mucha propaganda, los valores del
funcionalismo, la eficiencia y la rentabilidad económica. En esta
dinámica de conversión de todo valor de uso en valor de cambio no es de
extrañar que sólo se estime el conocimiento que produzca beneficios
económicos. En esta epistemología del negocio no será raro que pronto se
tome por verdadero sólo aquello que genere plusvalía.
Pero la
farsa se ha desvelado con la crisis del llamado capitalismo financiero.
No se entiende que la lógica del mercado se imponga en la universidad
cuando ha sido esta lógica la que ha conducido al desastre económico
actual. Como dice Carlos Fernández Liria, es absurdo permitir que el
mercado intervenga de un modo u otro en la gestión de las universidades
después de que se haya puesto de manifiesto su impericia para gestionar
hasta los bancosii.
Lo peor de todo es que la mercantilización va siempre de la mano del
clasismo. Por eso este nuevo modelo universitario está socavado aún más
las bases de la educación pública, y haciendo de la universidad otro
espacio para la segregación social. Con sus desregulaciones y recortes
en el gasto educativo los dirigentes políticos de turno no sólo están
promoviendo que el mundo académico se desdoble en universidades públicas
desasistidas para estudiantes que serán carne de cañón del paro, la
precariedad o la emigración y unas pocas universidades privadas
concebidas como centros para la formación de élites gestoras. La propia
universidad pública ya se ha desdoblado en grados que ni siquiera cabe
calificar de pseudo gratuitos (pues las tasas han alcanzado niveles
prohibitivos) y en postgrados de pago donde se hará definitivamente la
criba social. Quienes tengan recursos económicos podrán pagarse un
master carísimo que les proporcionará prácticas o futuros contratos en
las grandes empresas que los promocionan. Los que no puedan se quedarán
simplemente con un grado devaluado en el mercado laboral o cursarán un
master más barato de escasa consideración para la empresa privada, u
orientado a buscar salidas en un sector público en peligro de extinción.
A algunos pocos que no tengan dinero para matricularse en un master de
prestigio se les quiere conceder la gracia de que lo cursen solicitando
un crédito bancario, con sus correspondientes intereses a devolver una
vez que, en el mejor de los casos, consigan su primer trabajo. Con ello
se pretende que si los de abajo ascienden socialmente por esta vía
formativa lo hagan, por si acaso, con el grillete de una deuda. Resulta
grotesco que quienes presentan la crisis actual como un problema de
deuda pública sean los mismos que inciten a endeudarse a edades tan
tempranas. Si además las cosas te van mal, luego te dirán que viviste
por encima de tus posibilidades.
Los universitarios anti-Boloniaiii
ya denunciaron que lo peor de este proceso es que se estaba disfrazando
con los ropajes de una revolución didáctica y pedagógica, algo que
escandalizaría a quienes, como Paulo Freire, cultivaron magistralmente
estas disciplinas en un sentido formativo y emancipadoriv.
Lejos de ello se vienen imponiendo unas pautas de ordenación de la
docencia que repelen el análisis científico y la reflexión crítica en
torno a contenidos materiales concretos, en beneficio de una jerga
corporativa de objetivos, competencias, destrezas y evaluaciones: un
metalenguaje vacuo y autorreferencial que reproduce los valores
mercantiles del funcionalismo y la competitividad y confunde la
necesaria organización de la enseñanza con su burocratización. Entre
tantas directrices plagadas de fríos tecnicismos se disipa aquello que
Emilio Lledó reivindica como las coordenadas básicas de la enseñanza: el
amor por lo que se enseña y el amor a quien se enseña. El gran
humanista nos recuerda también que la libertad de expresión es papel
mojado si no va acompañada de la libertad de pensar que debería promover
una enseñanza plural, rigurosa y de calidad, no utilitarista y
sobre-pautadav.
Por el contrario uno se pregunta si las directrices educativas actuales
no están haciendo de la universidad lo que José Carlos Bermejo denomina
ya como “la fábrica de la ignorancia”vi,
quizá porque algunos dirigentes políticos y económicos temen que eso de
aprender a pensar lo que uno expresa puede hacer de la reconocida
libertad de expresión un derecho subversivo.
Que las cárceles
nunca han funcionado como una institución orientada a la reeducación es
algo que se aprende mucho antes de la mayoría de edad. El drama añadido
en este contexto de paro juvenil desbocado es que la universidad
empiezan a parecerse a un recinto de reclusión para jóvenes, donde a
base de jordanas extensas, prácticas a todas horas, evaluaciones
constantes, cursos de perfeccionamiento, señuelos y jaujas de futuro se
mantiene ocupados a muchos de quienes podrían prender la llama de la
conflictividad en la calle. Para que no piense mucho también al
profesorado se le tiene enredado en decenas de comisiones, tareas
gestoras y absurdos procedimientos de control de resultados y rendición
de cuentas, que apenas generan apariencia de profesionalidad y ponen de
manifiesto, como señala Enrique Díez, el prejuicio ideológico neoliberal
de que lo público es ineficaz y hay que sobre-vigilarlovii.
En este contexto de quiebra social, donde se trata de contener
cualquier emergencia, la escuela y la universidad no sólo reproducen los
valores teóricamente neutros del tecnocratismo, también adoctrinan
expresamente. Este adoctrinamiento tiene dos caras complementarias: la
cara bronca del conservadurismo moral, la enseñanza confesional y el
darwinismo social y la cara ingenua de la llamada educación en la
tolerancia. Lo curioso es que de manera trasversal a ambos enfoques se
mueven a sus anchas los mismos valores del utilitarismo y la
competitividad. No se trata de infravalorar la expansión de esas ideas
retrógradas y agresivas que la derecha trata expresamente de difundir a
través de la instrucción pública; pero también resulta muy peligrosa la
expansión que por los currículos ha tenido y sigue teniendo ese otro
pensamiento moralizante, cándido y políticamente correcto que proclama
ideas tan peregrinas como el “respeto a todas las ideas”, dado que
inevitablemente entre éstas habría que incluir las ideas creacionistas
sostenidas por diferentes sectas religiosas, las ideas segregacionistas
del Aparheid o la idea de la superioridad de la raza aria del Mein
Kampf. Y es que la alternativa al pensamiento reaccionario no puede ser
un pensamiento blando y melifluo. De manera más corrosiva lo expresaba
el novelista Rafael Chirbes: “no hemos tenido suficiente con los
colegios de curas como para tener ahora colegios de socialdemócratas”viii.
En ese desdoblamiento clasista de la enseñanza sería intolerable que
muchos masters de élite se orientasen, como ya lo hacen, a enseñar
sofisticadas técnicas de “optimización fiscal”, eufemismo de la tan de
moda evasión de impuestos, mientras que en la enseñaza media y en las
universidades públicas les educamos en el conformismo social y la
tolerancia a todas las ideas, incluida aquella que viene a justificar el
fraude sosteniendo, por ejemplo, que un exceso de control fiscal inhibe
la buena inversión.
Frente a la farsa política y las
mistificaciones ideológicas sería otro error promover una educación
moralizante a la contra. En lugar de eso la universidad debería hacer,
simplemente, y ya es mucho, lo que le es propio: promover el
conocimiento científico, entendiendo por tal, como en su día nos enseñó
el filósofo Manuel Sacristán, un conocimiento amplio, positivo y críticoix.
Creo sinceramente que una consigna no se combate con otra consigna,
sino con una buena tesis. Y como vacuna contra la candidez no estaría
mal incluir algunas dosis de irreverencia y buen humor, para lo cual se
podría recomendar como lectura de clase la obra de Slavoj Zizek “En
defensa de la Intolerancia”x.
Y ante todo eso, ¿qué está haciendo la comunidad universitaria? La
verdad es que, salvo las protestas organizadas fundamentalmente por los
estudiantes y algunos pocos profesores, esto parece una balsa de aceite.
La docilidad está siendo hasta ahora la actitud mayoritaria de un
profesorado que viene tragando con carros y carretas, o que más allá de
eso interpreta como problemas académicos la erosión de sus derechos
laborales, que concibe la defensa de estos derechos como una
reivindicación corporativa ajena al drama social que se está viviendo o
que piensa ingenuamente que por su posición y supuesta estima social no
le va a alcanzar la afilada tijera de los recortes.
Lo malo
también de estos eternos retornos en la historia es que no dejan mucho
espacio para la originalidad en las recomendaciones. Habrá que empezar
por recuperar el pulso crítico y la memoria de las luchas universitarias
pasadas y recientes para sumarlas a esa marea de movilizaciones
sociales que ha subido muy por encima del nivel de la universidad. Si
nos replegamos sobre nosotros mismos, fascinados por los cantos de
sirena de la modernización que trae de nuevo la “Estrategia Universidad
2015”, enredados en el burocratismo o enrocados en nuestro
corporativismo, esta Academia se parecerá cada vez más a la Caverna.
Notas:
i “Manifiesto: por una universidad democrática”, en Manuel Sacristán, Intervenciones políticas. Panfletos y materiales III, Barcelona Icaria, 1985, pp. 50-61.
ii Carlos Fernández Liria, “En contra de Bolonia”, Diario Público, 1/12/2008.
iii Véase la recopilación de trabajos en Luis Alegre y Victor Moreno (coord.), Bolonia no existe. La destrucción de la universidad europea, Hiru, Hondarribia, 2009.
iv Paulo Freire, Pedagogía del oprimido, Madrid, Siglo XXI, 1995.
v Emilio Lledó, Ser quien eres. Ensayos para una educación democrática, Zaragoza, Universidad de Zaragoza, 2009.
vi José Carlos Bermejo, La fábrica de la ignorancia. La Universidad del como si, Madrid, Akal, 2009.
vii Agustín Moreno (Coord), ¿Qué hacemos con la educación?, Madrid, Akal, 2012, pp. 49-53.
viii Entrevista a Rafael Chirbes en la Universidad de Cádiz, en http://www.youtube.com/watch?v=1bOdnT-qhM8
ix Manuel Sacristán, “El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia”, en http://roiginegre-audios.blogspot.gr/2008/07/el-trabajo-cientfico-de-marx-y-su-nocin.html.
x Slavoj Zizek, En defensa de la intolerancia, Madrid, Público, 2010.
Juan Andrade. Profesor en la Universidad de Extremadura
10 de mayo de 2013
Huelga del 9 de mayo: Jornada histórica en la enseñanza extremeña
Foto: FRANCIS VILLEGAS
Desde
la Coordinadora Estudiantil Extremeña queremos mostrar nuestro mas
sentido orgullo por la jornada histórica que se dio ayer en nuestra
región. Miles de personas salieron a las calles clamando por la
educación pública y en contra de la infame Ley LOMCE.
Por la
mañana tras el heroico encierro de nuestros compañeros del
Sindicato Autónomo Estudiantes Segedanos que tuvieron que sufrir las
presiones y las amenazas de la Guardia Civil, hemos salido a la
calles estudiantes de toda Extremadura, mas de 100 compañeros
llamados por la Asamblea Universitaria de Badajoz se han concentrado
en frente al rectorado. En Merida mas 50 compañeros de Estudiantes por la Publica se han concentrado junto a compañeros del
Frente Estudiantil de Almendralejo y Asamblea De Estudiantes Don
Benito, mas tarde los compañeros de la Acampada Merida Campamento
Dignidad se han unido a nuestros compañeros, haciendo nuestra la
máxima de "Obreros y estudiantes unidos y adelante".
Mientras en Caceres, mas de 200 compañeros de Estudiantes Cacereños
junto al Sindicato de Estudiantes Independiente IES Pachecho y la Asamblea Universitaria se han
manifestado enfrente de la Subdelegación del Gobierno.
Foto: G. M.
Por la
tarde volvimos a salir a las calles para unirnos a las
manifestaciones de la Plataforma por la Educación Publica. Badajoz,
Caceres, Merida, Plasencia y Zafra volvieron a rugir en una jornada
donde mas de 6000 personas salieron a las calles en las distintas
ciudades de nuestra Extremadura. Al caer noche la mas de 50
estudiantes organizados alrededor de la Asamblea Universitaria de
Badajoz se encerraron en la Biblioteca Central de la Universidad para
continuar la lucha, donde resistieron toda la noche.
Aun con
la alegría del éxito de la jornada, nos apena que en Caceres no se
nos dejase leer manifiesto al finalizar la manifestación, esperamos
que estas cosas se resuelvan en un futuro. También denunciar la
represión que vivieron nuestros compañeros de Zafra con presiones
de desalojo y amenazas de multas por la Guardia Civil.
Hoy
hemos conseguido una pequeña victoria, el gobierno ha anunciado que
paraliza la aprobación de la ley LOMCE, pero no debemos dormirnos,
no debemos dejar de luchar. Si no que es el momento de seguir
luchando, de seguir organizándonos, por eso llamar a los estudiantes
extremeños que luchen y se organicen. Solo así podremos evitar que
vuelvan.
Ayer
fue un gran día, pero la lucha continua.
Coordinadora
Estudiantil Extremeña
La Asamblea extremeña aprueba la ley de Renta Básica de espaldas a las acampadas
Las
tres marchas iniciadas desde los diferentes Campamentos Dignidad
protestan ante el Parlamento extremeño por una renta básica que
consideran una ayuda insuficiente. El subsidio aprobado afectará sólo a
5.000 de los 80.000 desempleados de la comunidad.
Jonathan Macías / Raquel Perianes (Periódico Diagonal)
Los Campamentos Dignidad de Extremadura y otros colectivos continúan sus esfuerzos para luchar por la renta básica. La última iniciativa, la
marcha que se inició el pasado tres de mayoo desde Plasencia, a la que
se unieron nuevas marchas desde Ribera del Fresno y Badajoz, que
se encontraron la pasada noche en el Campamento de Mérida después de un
recorrido de más de 160 kilómetros. Hoy han llevado a cabo
manifestaciones delante de la Asamblea de Extremadura para protestar por
la aprobación de la Ley de Renta Básica.
A pesar de que se habían registrado más de 50 solicitudes en tiempo y forma para la asistencia al pleno, tan sólo siete fueron concedidas a miembros de la Plataforma por la Renta Básica extremeña.
Otra representación del grupo fue habilitada en una sala en la que han
podido hacer seguimiento de la Asamblea a través de una televisión de
plasma. Fuera, a las puertas de la Asamblea, un fuerte dispositivo
policial con dotaciones de la UIP desplazadas desde Sevilla formaban un
férreo despliegue por todo el centro de la ciudad.

Mientas en el Parlamento se debatían las
enmiendas a la ley, en el exterior comenzaban las identificaciones y
los registros a manifestantes. La tensión surgió cuando a algunas de las
personas acreditadas se les negó la asistencia al salón de plenos por
llevar camisetas de la Plataforma Stop Desahucios de Mérida. Algunas de
los miembros de dicha plataforma se despojaron de ellas a modo de
protesta, quedándose en ropa interior. Ya en el interior y con los logos
de Stop Desahucios a la espalda, tras las declaraciones del portavoz
del Partido Popular, Miguel Cantero, que afirmó que, tras la aprobación
de la ley de Renta Básica, “ningún extremeño volverá a pasar
necesidades”, los miembros de esta plataforma se han levantado y
han arrojado al suelo algunos céntimos como señal de protesta. Han
abandonado las instalaciones tras gritar “gracias, con mucho cariño,
no votéis y dejarnos en la miseria” y “la gente está pasando hambre, nos
tenéis desnudos en Extremadura”.
Pocos después se votaban las seis enmiendas de IU, que han contado con el voto favorable del PP y la abstención del PSOE.
Las propuestas parciales del PSOE no han prosperado al contar con la
abstención de IU y el voto en contra del PP. Tras el debate llegó la
aprobación de la ley que ha contado con el voto a favor de 63 de los 65
diputados presentes en el momento de la votación. La cuantía mensual de la Renta Básica quedaba fijada en el 75% del IPREM,
lo que se traduce en una cuantía mínima de 400 euros. Y el máximo no
podrá exceder del 135% del IPREM, unos 720 euros aproximadamente.
La renta aprobada por el gobierno de Monago cubre a 5.000 desempleados, poco más de un 6% de los que hay en la comunidad. La ley establece además algunas condiciones para acceder a la ayuda, tales como ser mayor de 25 años o llevar un año residiendo en la región. Para Agustín Real Rodríguez, miembro del Campamento Dignidad de Plasencia y participante en la marcha, la Ley de Renta Básica no asegura la supervivencia de los desempleados de larga duración: “Entendemos la renta básica como un derecho individual, todas las personas que no encuentran empleo deben tener derecho a la supervivencia con un mínimo de seiscientos euros”.
Desde el movimiento consideran que el subsidio aprobado por el Gobierno de Extremadura está muy lejos de las demandas que se presentaron en una Iniciativa Legislativa Popular avalada por 27.000 firmas y que pedía que el subsidio abarcase a los 80.000 parados que se cuentan en la comunidad. El Gobierno extremeño no llegó a estudiar la propuesta ya que pedían una cantidad de 45.000 firmas, a pesar que la cantidad de firmas recogidas en formularios oficiales equivalen a una cantidad de 1,2 millones a nivel estatal.
Tras la aprobación de la ley de Renta
Básica, los congregados en el exterior se retiraban tras una asamblea de
manera pacífica hasta las instalaciones del Campamento Dignidad de
Mérida, donde ya se había acordado levantar una parte del campamento, pero mantener la zona de atención a afectados.

Suscribirse a:
Entradas (Atom)







