2 de marzo de 2013

La Iglesia respaldará de forma indefinida la protesta de los parados

«Hay medios en la Junta, si de verdad se ha bajado el déficit, para dar una respuesta a tanta necesidad», dice el párroco de La Data


Fue una de las muchas personas, conocidas y no conocidas, que ayer visitaron a los parados que el miércoles por la noche iniciaron las protestas en Plasencia para exigir que se ponga fin a la difícil situación que atraviesan miles de personas en la ciudad. Felipe García, párroco de Santa María de La Esperanza, garantizó con absoluta claridad el apoyo de la Iglesia a la acampada de la dignidad.

«Es una reivindicación justa y lícita y, por tanto, como no puede ser de otro modo, la Iglesia la respalda y la respaldará de forma indefinida». El párroco de La Data quiso poner de manifiesto la complicada situación por la que atraviesan las familias placentinas. «Solo en nuestra parroquia es la ayuda que reciben de la Iglesia por la solidaridad de los vecinos por la que pueden comer 31 familias desde hace ya nueve meses». También por la solidaridad de los vecinos, esta parroquia y la de del polígono de La Data prestan asesoramiento jurídico y psicológico a muchas de las familias que atraviesan esta situación. «Porque ya hemos tenido cuatro casos de intento de suicidio».

Por eso este párroco asegura que la Iglesia tiene que estar con los parados, en sus protestas hasta el final. «Porque hay necesidad y porque la Junta tiene medios para paliarla si de verdad, como dicen, ha logrado reducir el déficit». «La gente necesita ingresos para poder vivir y esta protesta persigue este fin, lucha por la dignidad de las personas».
 
Cáritas Diocesana entregó ayer los alimentos para que algunos de los concentrados pudieran comer. Como lo hicieron otras muchas personas anónimas. «Porque lo cierto es que cada día se suman más personas, nos apoyan y muestran su solidaridad», garantizaron algunos de los concentrados. Pocos según muchos de ellos porque son cerca de 6.000 las personas que están sin empleo en la ciudad del Jerte. Confían en ser muchos más según vayan pasando las jornadas. Reiteran que esta protesta es indefinida. Hasta conseguir que la renta básica no sea inferior a los 600 euros, que haya un plan que cree empleo y se paralicen de forma indefinida los desahucios. 

Son sus reivindicaciones y se las entregarán al alcalde, Fernando Pizarro. El primer edil se comprometió ayer con ellos a trasladarlas a todas las administraciones en el transcurso de la visita que realizó a la concentración a primera hora de la mañana. Como también lo hizo el obispo, Amadeo Rodríguez Magro. Y las numerosas personas que pasaron durante toda la jornada.

Los concentrados comienzan a sentir el apoyo de los placentinos y han empezado a organizarse en diferentes comisiones para hacer menos duro el día a día y aguantar hasta lograr una salida para un presente muy negro para muchos.

Mérida y Plasencia acampan en apoyo a los desempleados


Varias personas conversan en la acampada de Mérida.

El pasado 20 de febrero, un treintena de personas decidió acampar frente a la oficina de empleo de Mérida con tres reivindicaciones principales: un plan de renta básica universal, la exigencia de 25.000 empleos públicos y la paralización de todos los desahucios a familias desempleadas. Más de una semana después, permanecen allí, pese a que estos han sido los días más fríos del invierno, en lo que muchos simpatizantes llaman ya la Acampada de la Dignidad.

Precisamente por las bajas temperaturas, otro grupo, de alrededor de 60 desempleados, ha ocupado en Plasencia la catedral con el objetivo de pernoctar allí. “Ayer intentamos pasar la noche en una plaza, pero la policía nos expulsó, así que este jueves hemos decidido en asamblea irnos a la catedral, que, dicen, es la casa de todos”, explica Manuel Rodríguez, integrante de la acampada en Plasencia.

Y es que la iniciativa se está extendiendo no sólo a nivel local, sino también autonómico. “Estamos muy contentos porque la iniciativa está funcionando muy bien, muchos vecinos se acercan a traernos mantas, comida y a darnos su apoyo”, asegura Manuel Cañada, uno de los integrantes de la acampada de Mérida y portavoz de la Plataforma por la Renta Básica en Extremadura. En otras localidades, están preparando ya futuras acampadas.

“Hemos convertido la reivindicación de la renta básica en un instrumento de lucha, que permite juntar a los viejos pobres, es decir, a los habitantes de barriadas machacadas históricamente, con los nuevos, que son los jóvenes precarios”, explica Cañada. “Por eso nosotros, que somos parados, hemos acampado frente a la oficina de empleo. No luchamos por los parados, luchamos con ellos”, defiende. De momento, agentes sociales como CCOO, IU o la plataforma Stop Desahucios ya han mostrado su apoyo.

Una oficina de empleo alternativa

En Extremadura, la crisis siempre aprieta un poco más. El paro, que en el país se sitúa en torno al 26%, en la región llega al 34%. Un 27% de los niños vive bajo el umbral de pobreza en España, mientras que en Extremadura la cifra ronda el 40%. Por eso, los integrantes de esta protesta consideran tan importante la integración de las luchas.

“Desde las asambleas de la acampada se están poniendo en marcha acciones y nuevas iniciativas, como movilizaciones para evitar los cortes de agua a algunas familias u otra frente al banco BBVA para apoyar a una familia desahuciada”, explica Cañada. La semana ha dado para mucho. “La Acampada de la Dignidad en Mérida se ha convertido en una oficina permanente alternativa al INEM y está sirviendo además para aglutinar movimientos muy diversos”, añade.

Para los acampados, es muy importante “superar el corporativismo”. “Tender puentes con iniciativas como esta nos parece una de las claves, que los colectivos y las mareas se mezclen y pierdan su rémora corporativa”, apunta Cañada.

Un hueco en la catedral de Plasencia

Al norte de Extremadura, decenas de desempleados han decidido pasar la noche en la Catedral de Plasencia, tras el intento fallido de acampar en una plaza de la localidad. “Cuando hemos entrado nos han intentado echar, pero finalmente, como éramos muchos, han tenido que aceptar, y nos han concedido un anexo del edificio bajo la condición de que respetemos el lugar”, explica Rodríguez.

Este desempleado de un pueblo de la comarca placentina asegura que la gente está perdiendo la esperanza ante la crisis. “Ha habido algunos que han llegado a amenazar con quemarse a lo bonzo. La cifra de desempleo es inhumana y la gente deja de ver soluciones”, añade. Los acampados en la catedral adelantan que permanecerán allí de forma indefinida y que celebrarán actos reivindicativos en la calle diariamente.
 

Una acampada por un nuevo paradigma (Samuel)

Miembros de la Plataforma por la Renta Básica de Extremadura llevan varios días acampados, pese al frío, frente a una oficina del Servicio Extremeño Público de Empleo en Mérida, junto con miembros de otros colectivos y personas en paro. En el manifiesto que difundieron reclaman la implantación de una renta básica, empleo público y el fin de los desahucios, ante la calamitosa situación social que padece la región. Los acampados han adoptado el nombre de Campamento Dignidad, en una lucha que converge con otras iniciativas como la dación en pago. Recientemente, se unieron compañeros de Plasencia.  
 
La decisión de acampar se produjo después de que en enero la mesa del Parlamento extremeño rechazara tramitar, por razones procedimentales, una Iniciativa Legislativa Popular a favor de la implantación gradual de la Renta Básica como derecho individual, universal e incondicional. Aunque la acampada reclama también la creación de empleo público y el fin de los desahucios, la renta básica constituye una propuesta que la distingue de otras iniciativas. La ILP recogió en las oficinas de empleo 26.386 firmas. Desde que se planteó hasta su rechazo final el número de desempleados en Extremadura pasó de 130.000 a unas 152.000 personas, más de un tercio de las cuales carecen de cualquier tipo de cobertura. Mientras el Parlamento renunciaba a tramitar la ILP, el consejero de Salud y Política Social del Gobierno de Extremadura, Luis Alfonso Hernández Carrón (PP), presentó un proyecto de Ley de Renta Básica, según la propuesta realizada por Izquierda Unida. La diferencia fundamental entre el acuerdo pergeñado entre PP e IU y la ILP está en que aquél "pretende que haya una integración y una recuperación" de las personas "en situación de emergencia social". 

Lo que el gobierno extremeño del PP propone, con el beneplácito de IU, no es sino una reformulación de las existentes Ayudas para la Integración en Situaciones de emergencia social (AISES), cuya percepción ya "se vincula a la realización de actividades de inserción social y/o laboral por parte de los perceptores de las mismas". Es decir, ambas están condicionadas a que los pobres busquen activamente su inserción en el precarizado mercado laboral. Una condicionalidad típicamente neoliberal que introduce la culpa como mecanismo de disciplinamiento y subjetivación. Si no consigues un empleo digno, es porque no te has esforzado o formado lo suficiente, por lo que no mereces recibir ese mínimo ingreso vital. 

La universalidad e incondicionalidad de la renta básica molesta a quienes consideran que la dignidad humana debe supeditarse a la relación salarial -esencialmente desigual-, ya se sitúen a izquierda o a derecha. Ignacio Fernández Toxo lo expresó de manera muy clara hace unos días en el X Congreso Confederal de Comisiones Obreras: “el nuevo paradigma no es el emprendimiento. Sigue siendo el trabajo, el trabajo asalariado”, aunque este sea más servil. Solo se reconoce como productivos a quienes acceden a un empleo (o a los que "crean" empleos), olvidando toda la actividad humana no reconocida –o mal reconocida- por la figura del trabajo asalariado, en el que se basa la representación sindical y patronal tradicional. Pero esto no es nada nuevo, constituye el paradigma del capitalismo industrial, no el del capitalismo de las últimas décadas.  

Con su acción, la plataforma arremete por tanto contra los últimos vestigios de este pensamiento único de la izquierda institucional, que con el lema “no hay salvación fuera de la relación salarial” está contribuyendo en la práctica a la consolidación de sistemas de workfare, donde las prestaciones sociales se asemejan a deudas que hay que devolver con trabajo. Olvidan que el salario que percibe la mayoría normalmente representa, más que nunca, una fracción mínima de la riqueza productiva colectivamente, y que los trabajadores precarizados han tenido que complementar sus sueldos con transferencias sociales –condicionadas a la valorización del capital- o rentas inmobiliario-financieras. Los recortes a las primeras y el hundimiento de las segundas está produciendo una generación de trabajadores empobrecidos y de desempleados abocados a la informalidad. 

Por el contrario, en las últimas décadas se abrió “la posibilidad de fundar la producción y reproducción de la humanidad  sobre algo diferente al trabajo asalariado”, como escribió Maurizio Lazzarato en defensa de un ingreso garantizado para todos hace ya diez años. Frente a las variantes asistenciales que emplean el término “renta básica”, la garantía de ingresos para todas las personas debería ser “un arma que sirva para sustraerse de la lógica de la valorización capitalista, para afirmar la independencia y la autonomía de las multitudes, y una condición de éxodo constituyente con respecto al espacio estatal”. No es que una renta básica por sí sola vaya a conseguir todo esto, pero su progresiva implantación determinaría un cambio estructural de tendencia, obligaría a repensar la fiscalidad y supondría un reconocimiento del común. 

Conforme se desintegran los sistemas de protección social, el debate sobre la renta básica parece ganar terreno poco a poco, pese al ninguneo mediático. En Cataluña una iniciativa a favor de una renta garantizada de ciudadanía -que, como escribe Daniel Raventós, es importante pero menos ambiciosa que una renta básica- se enfrenta al rechazo del Govern. Mientras, una iniciativa ciudadana europea de origen alemán, registrada el pasado mes de enero, propone que la Comisión Europea promueva una renta básica incondicional entre los Estados miembros. En este caso, sin una campaña europea desde otras plataformas y con fuerte apoyo español o francés difícilmente podrán conseguir el millón de firmas necesario (es posible apoyarles hasta enero de 2014). Sería deseable que todas estas acciones se comunicaran y convergieran.
Los acampados de Mérida pasaron de las firmas a la calle. Su dignidad nos interpela. Nuestra dignidad deberá ser la base de un nuevo paradigma.

El campamento Dignidad de Mérida: Sentarse de pie (Santiago Alba Rico)

Santiago Alba Rico

Hace ahora casi una semana varias decenas de ciudadanas y ciudadanos se detuvieron en una calle de Mérida (Extremadura) y seis días después siguen sin moverse. No se trata de una parálisis colectiva ni de un lento retrato de grupo. Aunque comen allí, no es un pic-nic. Aunque duermen allí, no es una excursión. Aunque beben allí, no es un bar. Aunque viven allí, no es una vida. Se hacen llamar Campamento Dignidad y están señalando una puerta. No es cómodo ni divertido, pero es sin embargo un gesto digno: lo que se llama una protesta. Pertenecen a la Plataforma por la Renta Básica y la puerta que señalan es la del Servicio Extremeño Público de Empleo, fachada de las políticas de empleo de la Junta de Extremadura. Exigen dignamente dignidad para los 180.000 parados extremeños; exigen -es decir- empleo público y renta básica o, lo que es lo mismo, las condiciones mínimas para que un ser humano se convierta en un ser humano. O más exactamente: en un ciudadano. 
 
Las revoluciones árabes ciñeron todas sus demandas en la palabra “karama”, “dignidad”. Es sin duda una palabra bien elegida, la cifra donde cristalizan todas esas demandas, sociales y políticas, que resumen la autodeterminación de la existencia: alimentación, vivienda, sanidad, educación, información, capacidad de decisión, libertad de movimiento, y ello con independencia de que se tenga o no un trabajo. Esas son las condiciones materiales y políticas de la dignidad humana y si no se tienen, si se nos roban, si se nos escatiman o se nos limitan, la dignidad consiste entonces en rebelarse, protestar, señalar colectivamente las puertas cerradas, las fachadas engañosas, los parlamentos vacíos. España -escribía hace poco- es cada vez más “una dictadura árabe”. Los compañeros de Mérida, con su gesto digno en pos de la dignidad, forman parte de esa marea anti-dictatorial cuyo oleaje baña ya otros continentes posibles. Han acampado en la lucha y beben, comen y duermen en la plaza común. E incluso se sientan de pie. 

Un abrazo y toda mi solidaridad desde Túnez.
                       

#AcampadaMérida: la dignidad como nombre (Pablo Bustinduy)


campamento-dignidad

“Cada uno detenta la capacidad de todos”
Jacques Rancière

Hace dos días la Plataforma Extremeña por la Renta Básica decidió acampar junto con vecinos, personas en paro y gentes de otros colectivos frente a la oficina de empleo en Mérida. El primer manifiesto de la acampada dibuja en pocas palabras la situación de emergencia social que vive la región, donde el 40% de los habitantes roza el umbral de la pobreza. Son cifras que van más allá de las cifras, que hablan de un hundimiento mucho más profundo, de algo que no se puede medir. Todo gobierno es siempre algo más que una administración de las cosas y las personas: es también un orden de sentidos y explicaciones, y en Extremadura, como en tantos otros lugares, ese orden ha dejado de regir. Eso es lo que las cifras no pueden medir: cómo las cosas se están quedando sin palabras con que nombrarlas, porque sus significados no expresan lo que se vive en una realidad insostenible y desquiciada.

Ante semejante catástrofe social, la acampada ha fijado un programa de tres puntos esenciales: renta básica, empleo público, suspensión inmediata de los desahucios. Es un programa inteligente, que tiene la virtud de federar fuerzas distintas en una misma lucha y en un mismo relato, y de esquivar así los dos extremos simétricos del silencio rabioso y el grito desesperado que no alcanza a decir nada. Eso se escucha en el discurso de la acampada: una voluntad de llamar a las cosas por su nombre, por un nombre que es común a varios combates, a situaciones y energías distintas, con el fin de podérselas reapropiar. Ya no vale con gritar que lo que se nos dice es mentira: es hora de poner la verdad a trabajar.

Esa es la virtud de lo que se está haciendo en Mérida, como un anticipo del esfuerzo que hoy, 23F, resuena a lo largo y ancho del Estado. El primer manifiesto afirma la voluntad de ofrecerse como punto de encuentro para los movimientos y las mareas en defensa de los derechos sociales. Ese punto de encuentro, ese lugar común hace exactamente lo que dice: le da cuerpo a una afirmación que se hace a varias voces, las reúne y amplía en una capacidad y una lucha colectivas que prolongan y refuerzan la de cada uno. A ese lugar de todos, ese lugar de cualquiera, en Mérida se le ha dado el nombre de Campamento Dignidad.
En 1486, el filósofo Pico della Mirandola escribió una oda a la libertad llamada Discurso sobre la dignidad del hombre. La dignidad es lo que nos distingue de las bestias, y consiste en la “admirable suerte del hombre al cual le ha sido concedido el obtener lo que desee, ser lo que quiera”. Desde el momento en que nacemos con esa suerte, explica Pico, nuestro deber principal es cuidar de ella: “que no se diga de nosotros que, siendo en grado tan alto, no nos hemos dado cuenta de habernos vuelto semejantes a los brutos”. Sí nos hemos dado cuenta. En Mérida, la dignidad es el nombre común para afirmar nuestra suerte ante este gobierno de la desgracia: la de juntar todas las capacidades, las fuerzas y las razones, para oponer a la barbarie un deseo rotundo de libertad.

Ilustración de Ramón Rodríguez
Publicado en kaosenlared el -23-02–13
Publicado en el Periódico Diagonal el 28-02-13

Acampada Mérida: Los irreductibles, los indispensables (Juan Domingo Sánchez Estop)

A veces, las cosas importantes no pasan en el centro de esos monstruos que son los Estados modernos. En esas estructuras políticas, la capital tiene un papel central, pues es en el doble sentido de la palabra, el escenario principal de la representación. Política representativa y espectáculo se dan cita en ese espacio que asume el papel de centro. Sin embargo, la vida, la vida de las personas, va por otros cauces ajenos al espectáculo y a la representación. A muchas personas la vida hoy les duele, les falta la vivienda, los ingresos que permiten una vida digna, la libertad. Ese dolor no se ve en las grandes representaciones de la capital, pero es mucho más perceptible en espacios pequeños: en los barrios o en las regiones periféricas de las que apenas habla la televisión.

En Extremadura, ese dolor social y personal, ese dolor también moral, es muy intenso. Los indicadores de desempleo, pobreza, pobreza infantil, exclusión, son alarmantes. Se encuentran entre los más altos, no ya de España, sino de Europa, superando a los de Grecia o Rumanía. La región, en sí no es de las más pobres, pero sí de las más desiguales, de las más injustas, y ello desde hace mucho tiempo ya. En la memoria de todos están las escenas de Las Hurdes filmadas por Buñuel, en la de algunos menos, las de las ocupaciones de tierras por los campesinos desposeidos en los años 30. También está en la memoria colectiva la brutal venganza de clase ejecutada por Yagüe y sus huestes contra los campesinos extremeños llamados "moros del Norte" por las tropas del ejército de África y sus sanguinarios oficiales. Esos moros del norte fueron tratados como los moros del sur, con la brutalidad que exhiben los señoritos ante quienes desprecian y temen, con la brutalidad de un ejército colonial interno. Los pueblos de Extremadura se convirtieron en cábilas rifeñas exterminadas con saña.

Hay en Extremadura mucha memoria, porque en Extremadura la miseria y la represión, la desigualdad que insulta a la dignidad no son solo pasado. Las muertes del presente, los sufrimientos de ese pasado que no se acaba, son hoy obra de mecanismos fríos por los que se expulsa a las personas de sus viviendas, se las priva de medios de vida quitándoles sus puestos de trabajo y liquidando otras fuentes de ingresos. En ese marco, la Dignidad viene ya levantando cabeza desde hace algunos años, con organizaciones como la Plataforma por la Renta Básica. Los compañeros de la Plataforma han iniciado, lejos del centro del Estado, ajenos a la mirada de la prensa y la televisión del régimen, una acampada en las puertas del Servicio Extremeño de Empleo. La acampada reivindica sobre todo dos cosas: empleo digno y renta básica. Se trata, de un modo o de otro, de obtener los ingresos necesarios para vivir con dignidad. Por medio del trabajo, o si no, por medio de un ingreso garantizado independiente del trabajo. No es una reivindicación extravagante sino indispensable, si no se quiere que capas enteras de la población sucumban a la desesperación, caigan en la muerte civil. De ahí el nombre del campamento "Dignidad" que es la otra cara de la indignación ante un régimen inhumano de saqueo.

Un abrazo a todos los acampados: sois los irreductibles, los indispensables.
              

La dignidad y el acampar: Mérida por la renta básica (Raimundo Viejo)

               

En este no parar de acciones que hoy anegan mi infoesfera, me llega la noticia de la valiente acampada de Mérida. Me cuentan que le han puesto de nombre Campamento Dignidad y una vez más tengo que volver a pensar la importancia de este concepto tan poco reflexionado y, sin embargo, cada vez más recurrido en las movilizaciones. 

Apela dignidad a un límite primero, al momento en que se ha tocado hueso en el cuerpo social. Esto es lo que sucede y motiva, intuyo, el recurso del Campamento Dignidad al repertorio que movilizó hace ahora casi dos años, a cuantxs vivimos en este Estado de nombre Reino de España. La dignidad reaparece cuando aflora el hueso, cuando volvemos a hablar de una precariedad que rompe la propaganda que miente al decir que en este país no se pasa hambre, que no hay niños perdiendo escolarización o que no estamos en caída libre a los peores años del Franquismo.  

Acampar es plantarse, decidir ofrecer una resistencia total, una resistencia a vida o muerte. Y es que en esta terrible estafa mal llamada crisis hemos visto al mando desvestirse y mostrarnos las fuentes de su poder. Por eso es especialmente valioso que la iniciativa del Campamento Dignidad haya sabido leer la coyuntura política a través de la renda básica. 

No es ya, en efecto, hora de huelgas por la mejora del salario, la reorientación de la política económica o por el empleo de calidad. Las hemos hecho y las hemos agotado como un repertorio de acción colectiva eficaz. No es ese el terreno donde se gana en la sociedad de hoy. No es ahí donde se comprende la impresentable subalternidad voluntaria de IU, no ya de su habitual padrino, el PSOE, sino del PP de los sobres. 

El terreno en que hoy se lucha -ese mismo del Campamento Dignidad, pero también de la PAH, de las luchas por la sanidad y la educación, etc.- ha pasado a ser otro completamente diferente al de la esfera laboral. Ahora toca defender la vida frente a la muerte que instituye el mando. Una muerte que no será la de la guerra abierta (la cleptocracia es un gobierno de cobardes, de ladrones, de miserables que solo saben operar de espaldas a la gente), sino la de la guerra larvada que conmina al suicidio, que mata por pasiva, por defecto; pues tal es la naturaleza del poder que hoy nos gobierna.

Es llegados aquí, donde todo debe empezar de nuevo, donde debemos mirar no al enemigo que mata desde fuera, sino al que hemos interiorizado durante las tres últimas décadas y ahora nos conmina a morir desde dentro. Es preciso, como enseñaron los estoicos que nos evoca esta milenaria Emerita Augusta, volver hacia el interior, buscar en uno la libertad de los antiguos, la libertad inalienable que se instancia en ese momento siempre anterior: la dignidad. Y desde ahí, no solo decir ya basta, sino empezar todo de nuevo. Volver al santo decir sí, nietzschiano que hoy es, claro como nunca, el "Sí, se puede"que clama la multitud.
                        

La dignidad acampa en Mérida (Javier Mestre)

Los parados extremeños exigen renta básica y empleo público

Más de un centenar de personas se concentraron ayer, miércoles 20 de febrero, frente a la oficina de empleo (SEXPE-INEM) de la capital de Extremadura (España) en una asamblea abierta para dar un nuevo empujón a la lucha social a favor de la renta básica, del empleo público y contra las políticas neoliberales que están haciendo un daño inenarrable a la clase trabajadora española. El colectivo allí reunido, formado fundamentalmente por gente parada y activistas sociales, decidió acampar para exigir el inmediato cumplimiento de una tabla básica de reivindicaciones que incluye la adopción sin recortes de la propuesta de renta básica de la Iniciativa Legislativa Popular que respaldaron casi 27.000 firmas ante la Asamblea de Extremadura el pasado mes de diciembre, y la generación inmediata de 25.000 empleos públicos para combatir la deriva de marginación y pobreza a la que se está sometiendo a amplias capas de la población trabajadora en la región. El Partido Popular, con el apoyo de Pedro Escobar, Coordinador General de Izquierda Unida de Extremadura, descafeinó la iniciativa legislativa popular por la renta básica con una propuesta de ley que prevé un escueto presupuesto de 13 millones de euros que darán para un subsidio ínfimo que afectará apenas a unas dos mil familias y que recuerda a las antiguas Ayudas para la Integración en Situaciones de Emergencia Social (AISES), pero con mayor dureza todavía en los requisitos de acceso. En Extremadura hay 70.000 trabajadores y trabajadoras en paro que ya no reciben ningún tipo de cobertura social, según datos de la Encuesta de Población Activa (58.444 según los datos de paro registrado del pasado mes de diciembre), con lo que resulta evidente que el monto de la “renta básica” del Partido Popular (y su comparsa de IU) es una burla a la movilización ciudadana desde una concepción que criminaliza la pobreza a través de una vergonzante combinación de cicatería y engorrosa burocracia. 
                    
Los acampados de Mérida pretenden quedarse a vivir frente a la oficina de empleo todo el tiempo que sea necesario. Sólo en esta ciudad de 50.000 habitantes ya les han cortado el agua por impago a 620 personas. Esto es un síntoma de que día a día crecen la miseria y la desesperación, las situaciones insoportables para centenares de familias, a menudo con niños o personas ancianas o con discapacidad a su cargo. Se siguen produciendo cotidianamente desahucios de viviendas sociales o hipotecadas, y la marginación social llama a la puerta de barrios que hasta hace poco estaban más bien del lado de la clase media. La situación es, por tanto, desesperada, y es preciso un giro radical en las políticas públicas, que deben empezar cuanto antes a echar una mano al pueblo y no a un puñado de intereses privados.

Campamento Dignidad

Los acampados decidieron llamarse “Campamento Dignidad”. La asamblea abierta se reunirá frente a la oficina de empleo todos los días a las siete de la tarde. Durante la mañana, el campamento se convertirá en una Oficina de Derechos Sociales abierta a todo el que necesite ayuda o asesoramiento, o desee colaborar. Ya se ha distribuido una octavilla por todo el barrio, el polígono Nueva Ciudad, para conectar con los vecinos y vecinas, que están ya empezando a echar una mano en la resolución de los problemas logísticos de mantener en guardia frente al SEXPE-INEM a un mínimo de unas veinticinco personas. No es difícil dar con muestras de apoyo y solidaridad: los trabajadores y trabajadoras sienten como propias las reivindicaciones del Campamento Dignidad porque la mayoría percibe que se hallan en el filo de la navaja con el aumento exponencial del desempleo (ya son casi 174.000 los parados y paradas en Extremadura, un 34 por ciento de la población activa, según la EPA del último trimestre de 2012). 



Arrasar con el capitalismo, la única salvación para mantener la dignidad humana (Jose Iglesias y Manolo Sáez)

Arrasar con el capitalismo, la única salvación para mantener la dignidad humana. Guía sobre aliados posibles y  enemigos seguros
José Iglesias Fernández y Manolo Sáez Bayona  - Gentes de Baladre    

No somos solo protesta, sino también ideas. Beppe Grillo

Por no haber arrasado con el modelo esclavista de sociedad, todavía mucha gente padece esclavitud en el mundo. Por no haber arrasado con el feudalismo, todavía quedan amplios espacios de trabajo servil. Y si no arrasamos pronto con el capitalismo, la dignidad de la persona ya está amenazada de acabar en los estercoleros humanos que dispone el sistema. Porque el capitalismo es barbarie. La avaricia, la rapiña, el saqueo, el desfalco, el engaño, la desposesión cuando no el robo descarado, son sus mejores <<virtudes>>. Porque si mencionásemos sus defectos habría que decir que son los de una bestia con entrañas, pero insaciables, con sentimientos, pero destructivos. Se impone demoler la bestia capitalista, o será ella la que nos devore sin miramientos.  

Estas cualidades bestiales del sistema nos llevan a preguntar: ¿cómo puede ser que menos de 500 familias, incluida alguna real y coronada, puedan ellas solas arruinar el bienestar de las 44 millones de personas que vivimos en el territorio español? Casi 25 personas de cada cien son pobres, unos seis millones son parados, numerosos EREs con despidos anunciados masivos, la mitad de la juventud sin empleo puede ir pensando en seguir viviendo de los padres convertidos algunos en pensionistas, desahucios diarios y suicidios (asesinatos provocados por el capital) como consecuencia de la desesperación. La precariedad de vida campea amenazante sobre toda la población.

Son muchos los que viven del capitalismo: no sólo los empresarios y banqueros, sino que muchas otras personas y ONGs <<profesionalizadas>> están sumisamente a las órdenes de las exigencias del mismo. Por lo que, tanto si estudias o trabajas, eres hombre o mujer, joven o anciano, blanco o negro, nativo o inmigrante, funcionario (personal sanitario, educativo, administrativo) o miembro de la población no activa, en cualquiera de estas condiciones, desconfía del que sea de profesión policía, juez, carcelero, militar, político [1] (ministros, diputados, senadores, alcaldes), tertuliano [2] (prensa, radio, TV), asesores del tipo <<felipe, aznar, rajoy, corinna>>, y otros de la misma fauna y rebaño, que como persona que las padeces, conozcas. Es momento de decidir quienes son aliados y quienes enemigos, y actuar en consecuencia.[3]    

Por tanto, contra el capitalismo y sus ganapanes solo nos queda luchar hasta su destrucción final. Los Campamentos Dignidad en Extremadura, así como en otros lugares del país que irán apareciendo, son una forma más de expresar nuestra rabiosa intención de acabar con él y con ellos. De aquí que haya que apoyar a los Campamentos Dignidad incondicionalmente, también pensando que es una manera de participar en la misma rabia y lucha, dado que frecuentemente la distancia impide la presencia física en los mismos. Lo que se reivindica en estos Campamentos Dignidad es lo mínimo que cualquier sociedad, por serlo, ha de responder: empleo asalariado permanente y ayudas sociales para aquellas personas con contingencias que la imposibilitan a mantener un mínimo de bienestar decente, un mínimo de dignidad humana. Más concretamente, los Campamentos Dignidad reclaman que la Administración cree suficientes empleos públicos para luchar contra el paro, la Renta Básica para combatir la pobreza,[4] así como otras varias carencias que padecen otros colectivos en la comunidad extremeña.[5]
   
Ahora bien, los Campamentos Dignidad tendrían que ser ámbitos desde donde se diese impulso a planes de lucha conjunta contra las empresas capitalistas; el capital no puede quedar exento. Un ejemplo podría ser el llamado Plan Integral de Lucha Inmediata (PILI), en el que se da prioridad a la reivindicación conjunta de temas como el agua, el gas, la electricidad, el transporte, la vivienda, la alimentación y la exención temporal del pago de los impuestos municipales. Los servicios gratuitos que se reivindican en estos planes para los colectivos en riesgo de pobreza “conllevan la exigencia de que la aportación económica salga fundamentalmente de las entidades empresariales, así como de las dos administraciones: municipios y comunidad autónoma”.[6] Un plan como este, no sólo da cohesión a los colectivos afines que transitan por los campamentos, sino que aporta una continuidad en la lucha y una confrontación directa con las empresas capitalistas.

Pero, como señalábamos al principio, la bestia capitalista no entiende de necesidades humanas, ni su lógica de acumulación le deja margen para negociar situaciones intermedias. Es una realidad, que si hemos de ser coherentes, especialmente si los que están siendo desposeídos de bienes y derechos no lo entienden, y no se incorporan a la lucha, hay que recordarles que todos tenemos un futuro muy negro. Es decir, en esta coyuntura del sistema, aquí si que tiene sentido el grito del Campamento: “adelante en la lucha y que se extiendan las acampadas por toda Extremadura”, pero hasta el arrasamiento final del capitalismo. Un grito que ha de manifestar el doble descontento: con la situación actual, pero tambien con el sistema que la provoca, ya que sus sentimientos de avaricia y rapiña le llevarán irremisiblemente a aplicar condiciones mucho más duras contra la dignidad humana.

O lucha por la dignidad o mendicidad, no queda otra alternativa.


28 febrero del 2013
                      

[1] El secretario general del Sindicato de Técnicos de Hacienda (Gestha), José María Mollinedo, ha admitido que algunos políticos no han cumplido con sus obligaciones fiscales. También ha alertado de que el 70% de la evasión de impuestos está concentrada en grandes compañías. En
[2] Beppe Grillo también aleccionó a los periodistas: “Vosotros, informadores, asumid vuestra responsabilidad. Habéis permitido la desintegración de nuestro”. En
[3] Algunos miembros de la Plataforma contra los Desahucios manifestaron que perseguirían aquellos diputados y senadores que votasen en contra de la ILP por la dación.
[4] Beppe Grillo. “¿Por qué trabajar tantas horas? Hay que pensar en los últimos (de la sociedad), asegurar un sueldo mínimo de ciudadanía”. En
[5] El Campamento Dignidad se ofrece como “punto de encuentro para las mareas de protesta que defienden el empleo, la vivienda, los servicios públicos, la cooperación, los derechos sociales, las libertades civiles y la sostenibilidad medioambiental”. En http://acampadamerida.blogspot.com.es/ 
[6] Los detalles del PILI pueden leerse en José Iglesias Fernández. “15-M, RBis y un Plan Integral de Lucha Inmediata contra el capitalismo”. En Sobre la Iniciativa Legislativa Popular en Extremadura. Cuadernos renta básica nº 11, Junio 2012.

Susan George: “Ya no se puede llamar crisis, es un capítulo más de la lucha de clases”

susan georgeSusan George en la sede de la editorial Planeta donde presento su nuevo libro, El Informe Lugano II. FERNANDO SÁNCHEZ

MADRID// El día frío y lluvioso contrasta con la energía que desprende Susan George (Ohio, 1934). Sentada en una sala forrada de madera, en el quinto piso de un edificio del Paseo de Recoletos de Madrid, la consagrada politóloga y analista recibe a La Marea para compartir 20 intensos minutos de su visita a Madrid y hacer un conciso diagnóstico de la coyuntura económica y social mundial.

La presidenta de honor de Attac Francia, vinculada durante años a Greenpeace, llega a España para presentar su libro El Informe Lugano II. Esta vez vamos a liquidar la democracia, una combinación de ficción y realidad. En su relato, la autora junta en los alrededores del lago suizo Lugano a un grupo de diez expertos para elaborar un segundo texto -George escribió en 1999 la primera entrega de la saga, El Informe Lugano- sobre el funcionamiento del sistema capitalista a petición de los “solicitantes”. Y hasta ahí la ficción. Al margen de este escenario metafórico, la autora defiende que todo lo recogido en el libro es real. Los interesados en que se realice este estudio son una minoría político-económica mundial y la conclusión del informe es que se debe acabar con la democracia, pues es un “fastidioso sistema político, especialmente desagradable para unos pocos, porque se opone a la minoría cuyo único objetivo es aumentar sus beneficios y cuotas de poder”.

¿Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades?
No. La sociedad, no. Estamos sufriendo una estrategia ideológica que busca acumular el poder y el dinero en unas pocas manos. Es la puesta en práctica del puro neoliberalismo.
¿Qué ha pasado en los más de diez años que han separado el primer del segundo informe Lugano?
La respuesta corta es que todo ha empeorado. La larga es que el sector financiero está dirigiendo y controlando la economía real. La verdad es que la crisis estalló a causa de la derogación de diversas leyes en EE.UU. y Gran Bretaña, las cuales mantenían a las finanzas bajo control. Tardaron sólo tres años en crear una explosión enorme, pues se quedaron sin reglas que cumplir.
Y la consecuencia directa es…
Su riqueza y una sociedad global cada día más desigual, con serios efectos perjudiciales en nuestro medio ambiente, que me tienen espantada.

En su libro llama “solicitantes” a ese un grupo de elegidos que gobierna ahora mismo. Detrás de sus intereses, ¿qué se esconde? ¿ignorancia o maldad?
Hay dos formas de responder a esa cuestión y de entender cómo hemos llegado hasta aquí. Por un lado está el punto de vista de los economistas norteamericanos Paul Krugman y Joseph Stiglitz, que ven las políticas europeas como una locura. Stiglitz cree que es una medida suicida que los europeos no puedan trabajar y ambos consideran que estas políticas se enmarcan entre la estupidez y la ignorancia. Pero yo creo que los que nos gobiernan no son nada tontos. Han elegido servir a los intereses de los bancos y la llamada clase elitista de Davos.
Pero se está gobernando de una forma muy dura…
Las políticas que se están llevando a cabo son muy crueles con la sociedad. Me han dicho que los griegos están siendo tratados como ratas de laboratorio para ver cuánto castigo pueden aguantar. Los que gobiernan piensan: “Vamos a hacer un experimento científico y vamos a juntar a un montón de ratas en una determinada situación. Veremos qué pasa si no reciben suficiente comida, si no reciben atención si están enfermos y ven morir a sus ratitas bebé. Experimentemos:  ¿Habrá una revuelta de las ratas? ¿O no?”. Creo que ellos saben lo que están haciendo. Además hay un componente ideológico, por supuesto. Lo que no se puede hacer es seguir reduciendo la economía y luego lamentar que no hay crecimiento.

A los españoles nos dicen que la austeridad es la primera piedra para reactivar la economía…
Es absurdo. Está demostrado, y corroborado por el propio Fondo Monetario Internacional, que la austeridad provoca más desigualdad social, depresión y alarga la crisis.
¿Tenemos que seguir hablando de crisis?
Yo creo que ya no se le puede seguir llamando crisis, porque la propia definición de la palabra establece una época con principio y fin. Es un capítulo más de la lucha de clases que está en marcha,  aunque la gente ahora no utiliza ese vocabulario.
¿Son los movimientos sociales un dolor de cabeza para el poder?
Por supuesto. El gran papel de los movimientos sociales en este momento es luchar, porque nadie lo hará por ellos. El futuro depende de las personas, y esto es difícil de cambiar porque hay mucha gente acostumbrada a la idea de que, puesto que han elegido a los representantes, a ellos les corresponde hacer algo al respecto. El gobierno no va a hacer nada combativo, no va a plantar cara al capital. Solo hay que mirar a Francia, que se supone que tiene un gobierno socialista y no está haciendo nada diferente.
¿Por qué si el problema es global no hay un movimiento global en contra?
Es demasiado pronto todavía. Estamos construyendo una Europa nueva a partir de la “Cumbre Alter”, que creo que ya es un avance notable. Aquí se juntarán sindicatos, organizaciones no gubernamentales, movimientos sociales ecologistas, feministas… varios grupos de personas que están involucradas en tratar de cambiar las cosas desde un punto de vista u otro. Y estos se unen en una plataforma común. Es un avance muy esperanzador porque hay que acabar con las fronteras entre países, pero un movimiento mundial creo que es prematuro. Me gustaría ver uno.

Los españoles han dejado de preguntar por la fecha en la que se acabará la crisis…
A la clase Davos le encantaría que fuera así siempre. No puedo responder a preguntas sobre el futuro, porque hay muchas variables, así que no sé decir cuándo superará España esta situación. El error ha sido que los españoles estaban esperanzados con que los otros fuesen mejores que los que gobernaban, estaban enfermos del PSOE, como ahora lo están del PP. La gente sigue estando a la espera de que un día u otro los elegidos se hagan cargo de ellos. Nosotros, el pueblo, tenemos un gran trabajo por delante.
¿Es cuestión de educación política?
Creo que vale la pena invertir en la educación política, que es lo que nos quitaron. Nunca va a existir una sociedad 100% interesada en la política, pero se puede voltear la situación y hacer que una minoría significativa cambie las cosas y que arrastre a la masa con ellos. Por eso la no violencia en el movimiento de ‘indignados’ es muy importante, ya que significa que la mayoría de la gente en España lo aprueba, si se pone violento, entonces será una historia diferente.