Fandangos republicanos, de El Cabrero
Mientras que haya un hambriento
que no hablen de igualdad
ya se encarga el capital
la monarquía y el clero
que "haiga" desigualdad
Tengo las ideas muy claras
como un buen republicano
ya está bien de tantas lacras
que llevan miles de años
viviendo de otras espaldas.
A orientarme con el viento
de cachorro lo aprendí
ahora que soy perro viejo
me es más fácil distinguir
a los lobos desde lejos.
Al que es tonto tonto tonto
se le nota en la mirada
y al falso con la mala sangre
no le aciertan la jugada
ni su puñetera madre
Nos enseñan a matar
mucho más que a sembrar un árbol
y los que nos rebelamos
solo nos queda gritar
¡ni guerra, ni dios, ni amo!
El mal presume de hondura
y el tiempo de su saber
el viento de su poder
la tierra de su estatura
y el hombre no sé de qué.
Lo que me ha dao que pensar
le he cantao a casi tó
y ahora le "viá" cantar
a la que nunca existió
la paloma de la paz
Piden tierra y se la niegan
tierra para trabajar
hay otros que piden más
armas pa hacer la guerra
y a esos sí que se las dan.
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18 de abril de 2011
15 de marzo de 2011
Hoja de conquistas
"Hoja de conquistas", de Enrique Falcón
a Diana Bellessi y Eliana Ortega
las mujeres enfermas que jugaron con burros
las que cavaron tumbas en las palmas de un trueno
las sólo voz dormidas en los centros solares
las hambrientas de todo
las preñadas con todo
las hijas del golpe y de los sueños mojados
las que fijan continentes que dejaron atrás
las niñas con pimienta en sus quince traiciones
las de pan-a-diez-céntimos sin cafetería
las del turno de visita con oficios de muerte
las madres eternas de los locutorios
las arrasadas, las caratapiadas, las comepromesas
las terribles solitas en las salas de baile
las clandestinadas pariendo futuros
las oficinistas que ahogaron sus príncipes
las acorraladas
las desamparadas, las sepultureras
las del polvo sobreimpuesto y el trago a deshora
las poquito conquistadas
las niñitas vestidas con mortajas azules
las que cosen el mundo por no reventarlo
las mujeres con uñas como mapas creciendo
las hembras cabello-de-lápida
(todavía más grandes que su propio despojo)
las corresquinadas, las titiriteras,
las que tierra se trajeron atada a los bolsillos
las nunca regresadas
las nunca visibles
las del nunca es tarde
las del vis-a-vis sin un plazo de espera
las reinas en los parques y en los sumideros
todas ellas las mujeres que me llegan con todos sus cansancios,
todas, en sigilo: las amantes
y mis camaradas.
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